domingo, 13 de octubre de 2013

Respuesta fisiológica del estrés

Es la reacción que se produce en el organismo ante los estímulos estresores. Ante una situación de estrés, el organismo tiene una serie de reacciones fisiológicas que activan el eje hipofisosuprarrenal y del sistema nervioso vegetativo.
Eje hipofisosuprarrenal (HSP) está compuesto por el hipotálamo, que es una estructura que actúa de enlace entre el sistema endocrino y el sistema nervioso. Hipofisis y las glándulas suprarrenales que se encuentran sobre los riñones.
El sistema nervioso vegetativo (SNV) es el conjunto de estructuras nerviosas que se encarga de regular el funcionamiento de los órganos internos y controla algunas de sus funciones de manera involuntaria e inconsciente.



Eje hipofisosuprarrenal

Se activa tanto con las agresiones físicas como con las psíquicas y, al activarse, el hipotálamo segrega la hormona CRF (factor liberador de corticotropina), que actúa sobre la hipófisis y provoca la secreción de la hormona adenocorticotropa (ACTH). Esta secreción incide sobre la corteza de las glándulas suprarrenales, dando lugar a la producción de corticoides que pasan al torrente circulatorio y producen múltiple incidencia orgánica, como se verá más adelante. Los corticoides que se liberan debido a la ACTH son:
  • Los glucocorticoides: El más importante es el cortisol que facilita la excreción de agua y el mantenimiento de la presión arterial; afecta a los procesos infecciosos y produce una degradación de las proteínas intracelulares. Tiene, asimismo, una acción hiperglucemiante (aumenta la concentración de glucosa en sangre) y se produce una aumento de calcio y de fosfatos liberados por los riñones, y de lípidos. 
  • Los andrógenos: Son las hormonas que estimulan el desarrollo de las características secundarias masculinas y estimulan el aumento tanto de la fuerza como de la masa muscular.

Sistema nervioso vegetativo
 Este sistema mantiene la homeostasis del organismo. La activación simpática supone la secreción de catecolaminas, que son:
  • La adrenalina segregada por parte de la médula suprarrenal, especialmente en casos de estrés psíquico y de ansiedad.
  • La noradrenalina segregada por las terminaciones nerviosas simpáticas, aumentando su concentración principalmente en el estrés de tipo físico, en situaciones de alto riesgo o de agresividad.

Estas hormonas son las encargadas de poner el cuerpo en estado de alerta preparándolo para luchar o huir. Son las que permiten enlazar el fenómeno del estrés con los fenómenos psicofisiológicos de la emoción. Ambas intervienen en los siguientes procesos:
  • Dilatación de las pupilas.
  • Dilatación bronquial.
  • Movilización de los ácidos grasos, pudiendo dar lugar a un incremento de lípidos en sangre (posible arterioescierosis).
  • Aumento de la coagulación.
  • Incremento del rendimiento cardíaco que puede desembocar en una hipertensión arterial.
  • Vasodilatación muscular y vasoconstricción cutánea.
  • Reducción de los niveles de estrógenos y testosterona, que son hormonas que estimulan el desarrollo de las características sexuales secundarias masculinas.
  • Inhibición de la secreción de prolactina, que influye sobre la glándula mamaria.
  •   Incremento de la producción de tiroxina, que favorece el metabolismo energético, la síntesis de proteínas, etc.
Vemos pues que, ante una situación de estrés, existe un compromiso de todo el organismo.

Fases del estrés: síndrome general de adaptación
El origen histórico del concepto de estrés parte de las investigaciones que realizó Hans Selye en el año 1936 y que dieron lugar al llamado síndrome general de adaptación.
Ante una situación de amenaza para su equilibrio, el organismo emite una respuesta con el fin de intentar adaptarse. Selye define este fenómeno como el conjunto de reacciones fisiológicas desencadenadas por cualquier exigencia ejercida sobre el organismo, por la incidencia de cualquier agente nocivo llamado estresor. Se puede definir, pues, como la respuesta física y específica del organismo ante cualquier demanda o agresión, ante agresores que pueden ser tanto físicos como psicológicos

En este proceso de adaptación por parte del organismo se distinguen las fases de alarma, de adaptación y de agotamiento.

Fase de alarma
Ante la aparición de un peligro o estresor se produce una reacción de alarma durante la que baja la resistencia por debajo de lo normal.
Es muy importante resaltar que todos los procesos que se producen son reacciones encaminadas a preparar el organismo para la acción de afrontar una tarea o esfuerzo (coping).
Esta primera fase supone la activación del eje hipofisosuprarrenal; existe una reacción instantánea y automática que se compone de una serie de síntomas siempre iguales, aunque de mayor a menor intensidad:
  • Se produce una movilización de las defensas del organismo.
  • Aumenta la frecuencia cardiaca.
  • Se contrae el bazo, liberándose gran cantidad de glóbulos rojos.
  • Se produce una redistribución de la sangre, que abandona los puntos menos importantes, como es la piel (aparición de palidez) y las vísceras intestinales, para acudir a músculos, cerebro y corazón, que son las zonas de acción.
  • Aumenta la capacidad respiratoria.
  • Se produce una dilatación de las pupilas.
  • Aumenta la coagulación de la sangre.
  • Aumenta el número de linfocitos (células de defensa).

Fase de resistencia o adaptación
En ella el organismo intenta superar, adaptarse o afrontar la presencia de los factores que percibe como una amenaza o del agente nocivo y se producen las siguientes reacciones:
  • Los niveles de corticoesteroides se normalizan.
  • Tiene lugar una desaparición de la sintomatología.

Fase de agotamiento
Ocurre cuando la agresión se repite con frecuencia o es de larga duración, y cuando los recursos de la persona para conseguir un nivel de adaptación no son suficientes; se entra en la fase de agotamiento que conlleva lo siguiente:
  • Se produce una alteración tisular.
  • Aparece la patología llamada psicosomática.


AFECCIÓN
TENSIÓN (FASE INICIAL)
ESTRÉS
Cerebro
Ideación clara y rápida
Dolor de cabeza, tics nerviosos, temblor, insomnio, pesadillas
Humor
Concentración mental
Ansiedad, pérdida del sentido del humor
Saliva
Muy reducida
Boca seca, nudo en la garganta
Músculos
Mayor capacidad
Tensión y dolor muscular, tics
Pulmones
Mayor capacidad
Hiperventilación, tos, asma, taquipnea
Estómago
Secreción ácida aumentada
Ardores, indigestión, dispepsia, vómitos
Intestino
Aumenta la actividad motora
Diarrea, cólico, dolor, colitis ulcerosas
Vejiga
Flujo disminuido
Poliuria
Sexualidad
Irregularidades menstruales
Impotencia, amenorrea, frigidez, dismenorrea
Piel
Menor humedad
Sequedad, prurito dermatitis, erupciones
Energía
Aumento del gasto energético, aumento del consumo de oxigeno
Fatiga fácil
corazón
Aumento del trabajo cardiaco
Hipertensión, dolor precordial

Y para que se pueda comprender mejor el tema este video lo explica de una manera divertida.